23 de octubre de 2012

Parlamentos con ellos 4: Con Feliciano

23 Octubre 12 - - Agustín García Calvo

-Oiga, señor, por favor, que tengo que salir de la casa, pronto, pronto, si me acompaña por la niebla...
-Y, ¿qué es eso ahora de hablarme de usted, Feliciano?, ¿se te ha olvidado también que eres mi cuñado de hace no sé cuánto?
-¿Ah, sí? Pero acompáñame, hombre, porque, si no…
-Si no, ¿qué?, hum, ya veo.
 -Venga, vamos a ello, échate la bufanda, que no te coja el frío.
 -Ya estamos en la niebla. A ver, ¿qué es lo que pasa?
-Que tengo que esconderme.
-Ah, y ¿de qué?
-Pues, ¿no lo has visto tú en la televisión esa, que a cada paso están dándose señas de dónde puedo estar, y que me afusilan?
-¿A tí? ¿por qué?
-Eso yo no sé. Pero ellos lo saben.
-¿Sí?
-Me echan la culpa de «toa» la desgracia.
-(Dos o tres años hacía que se había metido en Zamora la televisión). Pero, hombre, ¿no ves tú que eso que dicen no es nada tuyo en particular?, ¿que es lo que le pasa a cada uno, sólo con que sea cada uno?
-No, no: a mí, a mí, con esa cara que me veo en la pantalla, tan clara como en las «afotos». Que no quieren que viva; que no me dejan vivir y tengo que esconderme.
-Ya: como decía el viejo griego, «Lathe bioósas: que no se sepa que has vivido».
-Yo no entiendo ese habla. Pero que me tienen «apuntao» para ajusticiarme en cuanto me atrapen, eso por seguro.
-Claro: para eso tiene uno su Nombre Propio: que, como así ya no puede morirse, tienen que echarle toda la culpa del mundo para que…
-Otra vez me habla palabras que no entiendo: ¿qué es «culpa»?
-Pues algo así como «causa», ¿entiendes? Bueno, ya estamos debajo del puente, bien escondidos. Aquí no van a cogernos, ¿no?
-A ver si pasan por encima con el chorreo de sus luces y no les da por asomarse. Así que ya verás cómo es.
-A ver cuántos pitillos me quedan. Seis. Para seis horas, tirando mucho, le aguanto a este infeliz.
-Cuando te sacan de la lista…
-Que quieren hacerme pasar por él, y que sea yo el que estoy loco y con el mundo al revés.
-Y que me llevan a unas tapias de cemento…
-Y que quieren convencerse de que, cuando muera yo, es a él al que lo matan. Pues ¡no señor! A cada cual lo suyo.
-Y por eso…
-¡Jo, qué frío!

Disponible en: [http://www.larazon.es/noticia/2650-con-feliciano-por-agustin-garcia-calvo]

16 de octubre de 2012

Parlamentos con ellos 3: Choque de Don Quijote y su cura‏

16 Octubre 12 - - Agustín García Calvo

Por las arenas de Barcelona ha caído derrengado del embate el Caballero ya de la Triste Figura bajo el bachiller Carrasco, que ha venido del pueblo, en plan de psiquiatra, a sacarlo de su locura y devolverlo a la paz de su vivienda; y, plantándole la punta de la lanza en la celada rota,
–Dáos al fin por vencido, caballero; confesáos vencido del caballero de la Blanca Luna.
–Sea vuestra la ventura, y muera conmigo la verdad.
–Más nos valiera quedar vencidos ambos, reducidos a monigotes, mejor que cuando érades potente a convertir labradoras en princesas.
–¡Alto ahí, caballero o demonio! Y, si no retirades esa palabra, apretad la lanza sobre mi cara y terminad de una vez conmigo. A cualquier otra condición he de rendirme, mas no toquéis a la mujer.
–¡Ah!, el eterno femenino.
–No sé en qué jerga hablades ahora, que os denuncia de leído; pero decid qué es lo que de mí queredes por vuestra victoria.
–Sea pues,  y baste: abandonad la profesión y empresa de la Caballería, en la cual harto habedes fecho, y tornáos a vuestro pueblo a descansar en paz.
–Así se hará, pues hechos vencen razones. Y ¿qué interés se os sigue a vos de mi retiro?
–Hasta aquí he venido a curaros de vuestra esplendorosa sinrazón.
–Ah: vos sabedes qué es cordura. ¿No teméis, al me enderezar las mientes, dejarme roto el corazón?
–Sólo sé que vengo aquí, ilustre paisano, a daros la salud. Tomadla, don Quijote,
–La tomo. Y nadie diga que rechazo las buenas intenciones. Mandad aviso a mi buen Sancho, que de mañana emprendemos el retorno.
–Y sin locura ni aventura que os salga al paso.
–Sin ninguna.


9 de octubre de 2012

Parlamentos con ellos 2: De cháchara con Chicho

8 Octubre 12 - - Agustín García Calvo A ver.

Y ¿qué queréis hacer conmigo ahora?
-Pues…
-Ya: como no tengo ni fuerzas para escurrirme de vuestros manejos, aprovechar para aseguraros bien de que estoy difunto.
-¡Hombre, Chicho, qué cosas dices! Difunto. Como si pudiera yo hacer contigo nada, cuando ni siquiera sé qué hacer conmigo.
-Pues ya podías ir aprendiendo los elementos, con la cara que se te va poniendo con los años, ¿no?
-Ah. Porque tú sigues contando años.
-No que yo sepa contarlos por mis dedos, pero es que me puede servir todavía un tablerillo que tengo aquí al lado para echar cuentas de esas cosas.
-¿Cuáles?
-Ésas del tiempo. O ¿sigues todavía dándole vueltas a ver cómo te desenredas de sus redes?
-¿Para eso te sirve ese tablerillo?
-Por lo menos, me dice que eso que a mí no me pasa (porque no puede), es a tí a quien le está pasando.
-¿A mí?, venga, Chicho, no quieras ahora tomarme el pelo: ¿a mí que nunca me pasa nada de verdad, ni siquiera lo último ni lo primero?
-Pues será por eso. Y, en cambio, ¿a mí sí? ¿A mí me ha pasado todo lo que tenía que pasarme?
-Tal vez no, ya que sigues aquí dándome la lata y no te dejas…
-¿Qué? ¿desaparecer?, ¿hacerme del todo la purita nada, como dicen los creyentes y los ateos?
-Quiera yo lo que quiera, eso, Chicho, tú sabes que no
-¿Que no qué?
-Eso de la pura nada.
-Ya: a lo mejor, porque tú no puedes ser todos ni todo.
-A lo mejor; pero, entonces, tampoco uno.
-Lo que no puedes, desde luego, es ser yo.
-No, no puedo.
-Pues ¡qué poquito puedes tú, maestro!
-Lo que me dejan los otros.
-¿Lo que ellos no saben?
-Pues eso será.
-Pues eso.

Disponible en: [http://www.larazon.es/noticia/7193-de-chachara-con-chicho-por-agustin-garcia-calvo]

3 de octubre de 2012

MONOGRAFÍA SOBRE AGUSTÍN GARCÍA CALVO, POR JESÚS GARCÍA MORENO

Realizó estudios de Filología Clásica en la Universidad de Salamanca, donde estudió con la primera promoción de alumnos del maestro de la filología clásica española, Antonio Tovar. Se doctoró en Madrid a los 22 años con una tesis titulada Prosodia y métrica antiguas. En 1951 ejerció como profesor catedrático de instituto.1En 1953 ocupó una cátedra de lenguas clásicas en Sevilla y en 1964 en Madrid, en la Universidad Complutense (UCM), hasta que la dictadura franquista lo separó de la cátedra madrileña en 1965 junto a Enrique Tierno Galván, José Luis López-Aranguren y Santiago Montero Díaz por prestar su apoyo a las protestas estudiantiles.2 José María Valverde y Antonio Tovar renunciaron a sus cátedras voluntariamente como protesta contra esta medida. A García Calvo su exilio lo llevó durante varios años a París, donde fue profesor en la Universidad de Lille y en el Collège de France. También trabajó como traductor para la editorial Ruedo Ibérico. En la capital francesa coordinó una Tertulia Política en el café La boule d’or del Barrio Latino. En 1976 fue restablecido en su cátedra, en la que permaneció hasta su jubilación en 1992. Es profesor emérito de la UCM. ....Seguir leyendo

2 de octubre de 2012

Parlamentos con ellos 1: Encuentro con Lucrecio

2 Octubre 12 - - Agustín García Calvo

-         Hombre, tú, otra vez, mis amores. ¿vienes ahora cada día por Herculano?
-         Bien querría yo tener las facilidades de los ángeles. Pero es que de rato en rato no la dejaban seguir los cofrades a mi alma con el sosiego que debían.
-         ¿Acaso por aquello de la fidelidad de la voz a la letra en los cánticos que nos traíamos?
-         Peor todavía que eso, el tormento de que, por azar, vuelva a suceder que la práctica del canto o las recitaciones pueda remedar por su cuenta algo de la infidelidad de las letras al sentido común. Siempre puede pasar algo de eso.
-         Claro: ¿cómo no podría?; sería privarnos de la posibilidad.
-         Ya: de la posibilidad de equivocarnos,
-         Ésa misma: sin posibilidad de equivocarse, no cabe ni el amor, ni el deseo de la verdad.
-         Ya veo lo que eso pueda ajetrearte, padre, aunque no lo digas.
-         Mucho, tú lo adivinas.
-         Más que eso: si he vuelto a Herculano esta vez, ha sido porque temía que, en alguna de las discusiones de los cofrades, pudiera entrar en duda la cuestión de si podía temblar la confianza en que las revelaciones de Epicuro traían algo,  no ya de serenidad, sino de libertad.
-         ¿Por qué eso, hermano?
-         Porque desde hace mucho, aunque tú no te atrevieras a decirlo tan claro, he sentido que el origen de nuestra libertad estaba en el descubrimiento de que los átomos en su caída por el vacío, por ningún sitio, pudieran equivocarse y ser infieles a la rectitud de la ley de la caída que el propio no estar les imponía. ¿No era así?
-         Al menos no arrastraba consigo la idea o fe de creer en otra cosa.
-         Bien. Pues, entonces, ¿cómo me veo obligado a decir que, cuando Epicuro partió en su viaje contra las murallas o límites del mundo, nos trajo de vuelta, como un regalo, el saber de qué es lo que puede surgir, qué es lo que no, y en fin, qué posibilidad limitada se le ha dado a cada cosa y cada uno de romper con la ley y así ser libre?
-         Para no entender mal esto, hermano, os tocará esperar tan largo tiempo a que el mundo y su ciencia se desarrollen, que más valdrá limitarnos a dejar las sucesivas creencias en que tienen una Causa y Primer Motor.