28 de marzo de 2020

¡LA PESTE AMARILLA!

—,Qué te pasa, Suso, que te tapas la cara con el pañuelo?
—Nada: que me he dejado atrapar por ... ya sabéis, y no quería contaminaros.
—Ya (y gracias), que no te atreves ni a nombrarlo.
—Pa qué?, si cualquier nombre que le deis, catarro o gripe flu o peste amarilla, todos son falsos: es el mal sin nombre, ¡maldita sea!
—Es verdad: ¿os acordáis, antes de que eso se nos metiera en este mundo...
—Que hace menos de un siglo.
—Sí: aquéllas enfermedades que aparecen en novelas viejas, en cartas de los abuelos, tan bien educadas, tan formales, que, fueran leves o graves o mortales, el caso es que tenían su desarrollo regular, iban por sus pasos...
—Y hasta ¡hacían crisis!, que decía el médico "Si pasa de esta noche..."
—Qué envidia me dais, crueles! Y esta peste, ni crisis ni pasos contados ni convalecencia que no esté amenazada de recaídas. ¡Qué enfermedad estúpida!, ¡qué estu(¡achús! Perdón)pidez de Régimen nos ha tocao!
—Ea, Suso, no rabies!, que vas a tragarte el pañuelo y todo. Ten, toma este otro.
—Gracias, Sara.
—Y ven a tomarte aquí un carajillo, que te entone.
—No hay entone, Nacho; nada sirve contra esto, ni miel ni aspirina ni limón ni ángeles benditos: ello sigue su curso, como si nada.
—¿Es el miasma informe?
—Algo así, Camilo.
—Y, por cierto (venga, échate eso adentro por si acaso, hombre), ¿os parece que eso de los chinos que está llenando estos días espacios de los Medios será lo mismo?
—Pues claro que lo será: ¿no habéis visto esas fotos de pequinesas con su mascarilla, lo mismo que aquí Suso?
—Sí: los males que no tienen nombre son todos el mismo.
—,Porque son todos el mal sin nombre?
—Por eso, Sara.
—Y, tocante al caso, ¿cómo entendéis vosotros esto de que esos casos de la peste china hayan llegado a llenar las planas y pantallas de la información del Globo entero?
—Algo demasiao parece, sí.
—Algún interéss(ss ¡achús!) tendrá el Régimen en esa divul gación.     -
—Hombre, Suso, ¿vas a echarle también al Régimen la culpa de tu trancazo?
—A ver quién va a tenerla: ¿no es Él el que administra la Justicia? Pues, achús, que cargue con la culpa.            
—Todo es política.
—Sí, Camilo. Y algo chocante sí que es, que, siendo los muertos de esa peste apenas unos cientos...
—O sea casi nada, al lado de los que mata el Automóvil, en un Estado solo, cualquier fin de semana.
—Eso: que haya alcanzado tanto espacio y volumen esa promoción del caso. Sí que parece que algún interés en eso tiene que haber allá en lo Alto.
—Y que tendrá que ser un interés muy grande, si consideráis el sacrificio de intereses, en turismo, en hostelería internacional, que esa divulgación les ha costado.
—Recuerda  el caso aquél de hace unos años de las vacas locas, que también se cargó cantidad de intereses en la Industria de la Carne, pero se ve que algún negocio mucho más grande había en la información.
—Cierto: la Instancia Suprema de la Economía y la Justicia debe echar por lo Alto cuentas y decidir lo que hay que sacrificar por un lado para atender a Intereses Superiores por el otro.
—Campanudo estás, Camilo. Confiemos en que la Instancia Suprema pueda equivocarse.
—Confiemos.
—Pero decidme, sabios ¿cuál puede ser el gran interés en esta divulgación de la peste informe del lejano Oriente?
—Lo más al pronto, Sara, que te distrae, como todo el Informativo de la Realidad, de lo que aquí está pasando, de las pestes más mortíferas que nos envenenan la vida, el aire, y que no aparecen en los Medios, no.
-Más todavía, Nacho: que, con esta propaganda de males Informes, misteriosos, sin causa visible, se trata de que no sintamos, que no veamos la causa de los males, de las muertes, que se nos administran con el dinero, con la venta de autos, de basura, de información.         
—Que ésos los tomemos como naturales.
—No como enfermedad, que es lo que son.
—Y hasta como progreso inevitable.
—Hacia el reino de la muerte.
—Pues ¡vaya conversa que se traen ustés está mañana!
—De lo que pasa, Paco: pa saber lo que no pasa, ya tienes la Televisión.
—Ahora mismo se la apago, que, lo que es a mí...
—Muchas gracias, libertario: que es que encima tenemos aquí al Suso con un trancazo que le debe de estar estallando el coco. Pónle otro carajillo.
—No: ¿pa qué? Si esta peste (ya digo) ni con café ni con alcohol ni con marihuana...
—¿Ni aunque Sara la piadosa te llevara a acostar consigo?
—Ay no: ni con todas sus gracias y piedades, que tanto estimo. Pa otros males, sí, la más santa de las medicinas: el olvido; pero ésta ni te deja olvidarte; te hace más y más cocerte en tu propia esencia.
—Bueno, ésa debe de ser la procura del Régimen en general: que no te olvides nunca de tí mismo.

Publicado en La Razón, y en "Diálogos de gente" (num. 21, pp. 73-75).

26 de marzo de 2020

La gran vergüenza del siglo

Acabo de pasar, como tantos otros, un trancazo, y ni siquiera estoy seguro de darlo por pasado: porque ya saben, los millones de ustedes que lo hayan padecido, cómo es el bicho, que, con sus inmundos ataques alternativos a nariz, a garganta, a bronquios u otros recovecos, con sus engañosos respiros, recaídas y vuelta a empezar, sigue su curso, amorfo, mucilento, pero imperturbable, sin conocer una convalecencia como las otras enfermedades ni llegar a un desenlace definitivo.
Bueno, pues ahí tienen: llevamos sometidos a esta peste de la humanidad progresada toda más de 90 años, desde que se estableció, como ya de niños nos contaban, con la "gripe española" a fines de la Gran Guerra: un consumo ingente de vidas, no ya las de los muertos a reata de alguna complicación, sino las de los supervivientes del trancazo común, capitidisminuídos, no digo en su rendimiento laboral en fábricas u oficinas, lo cual podría contar como una bendición, pero a la vez en cualquier impulso que a uno pudiera venirle de amor exuberante o de lúcido descubrimiento de las mentiras; y eso sin consuelo alguno, con un gasto milmillonario en potingues para apenas aliviar, con suerte, algunos de los síntomas transitorios, pero sin cura, y durando lo que el propio trancazo quiera, lo que la sabiduría popular, más certera que la Ciencia, ha aprendido, al cabo de un siglo de sufrimientos, a computar, "28 días, si no lo cuidas, y, si lo cuidas, 27".
Había yo llegado a confiar en la vacuna, ese buen truco de imitar el mal en pequeño para que no ataque en grande; pero este año hasta la vacuna me ha fallado, y me ha dejado libre para maldecir de la peste y del Dios que nos la manda.
Para la Ciencia al servicio del Poder, que les mete cada día maravillas de manipulaciones de órganos y genes, el trancazo común sin cura es ya la gran vergüenza; pero lo que es el INRI es cuando encima les sacan el cuento de la Gripe A, haciéndoles creer que saben de lo que hablan, para distraerles del bochorno del trancazo común sin cura ni consuelo: no se dejen, por favor, y que el ejemplo del trancazo les valga para volverse a descubrir las falsedades del Poder y de su Ciencia.

Publicado en La Razón y en "Mentiras principales" (Num. 31. pp. 79-80)

11 de marzo de 2020

LA CULPA DE LOS VIRUS

Apenas habrá estos años causantes más vulgarizados que esos serecillos que se llaman como usted sabe, virus. Hace tiempo que han dejado chicos a los masones, los judíos, los gamberros, los etarras, los drogotas. Se ve pues que son de primera importancia, política, y a por ellos vamos.De la vulgarización tomo unos ejemplos que me aportan amables amigos que leen Prensa: A) EL PAÍS 25 Febr.'87 p. 6 de 'Futuro'; B) MUY nº 90, Nov. '88, pp. 93 ss.; y añado, para el caso de la identificación como virus de un sujeto que estropeó las redes informáticas de conexión entre el Pentágono y las Universidades durante unos días, C) EL PAÍS 5 Nov. '88 p. 7. Pues bien: "Conocidos desde hace tiempo de ser causantes de la viruela, la fiebre amarilla, la poliomielitis, la gripe y el resfriado común, los virus son los culpables del 80% de las enfermedades agudas que afectan cada año a la población de los países desarrollados" (A); más modestamente: "Los virus contribuyen a que contraigamos hepatitis, gripe, sarampión, polio, rabia, fiebre amarilla, SIDA y muchos otros trastornos más" (B). Pero lo peor es que también "se hallan involucrados en algunos cánceres y leucemias y en numerosas enfermedades autoinmunes, entre ellas la esclerosis múltiple y la diabetes" (B); y "Recientemente, los científicos han empezado a sospechar que los virus tienen mucho que ver en las cardiopatías, defectos de nacimiento, diabetes, síndrome de Alzheinier, esclerosis múltiple y casi la cuarta parte de los cánceres humanos" (A).
Arnold Böcklin. Die pest. 1898

Ahora bien, eso de que contribuyan, estén involucrados o tengan mucho que ver ¿no les parece a ustedes que estropea un poco la idea de que sean causantes o culpables? Y eso de que tengan que ver en casi la cuarta parte de los cánceres... ¿No van con eso a perder los virus el crédito y prestigio de ser los causantes verdaderos? ¿No quedarán amenazados de que se les confunda y degrade a la condición de circunstancias, de factores coadyuvantes, todo lo más de cómplices o colaboradores? Pero la causa, señores, como la madre, es una, y no debe nunca la noción de 'causa' confundirse con la de 'circunstancia`: si no, ¿adónde iríamos a parar? El policía debe descubrir quién es el asesino de la Marquesa, y se acabó; y es preciso que se sepa quién, personalmente, mató al Comendador. Sólo así la justicia y el Gobierno de los pueblos tendrán un fulcro en que apoyarse; sólo así se curarán las enfermedades sociales y las personales; sólo así, eliminada la persona culpable de haber introducido instrucciones indebidas en la red informática del organismo de los Estados Unidos, podrá el Pentágono regir corno Dios manda los procesos constitucionales y reproductivos del Gran Cuerpo; y descubierto asimismo el culpable puntual de la gripe fantasmática, podrá el Pequeño Cuerpo acudir cada día sin falta a la Oficina y evitarse el enorme dispendio de Horas de Trabajo que al Capital y Estado les cuesta el mantenerse indefinida, informe y sin causa individual la tal pliaga.

Cosa que, por cierto, deja en entredicho el nombre mismo, influenza, o flu para abreviar y no acatarrarse mientras se pronuncia, o grippe o trancazo o cualquiera otro de los que se han ensayado desde que empezó a reinar, desde comienzos de siglo, la enfermedad informe: pues ¿cómo puede decentemente tener nombre una cosa que es casi cualquier cosa y se manifiesta casi de cualquier forma, hasta el punto de que, sólo con que te encuentres mal o raro, a falta de otra interpretación más precisa, ya estás sospechando que te La has mangao? Hace sonreír que todavía, en la vulgarización A, se distinga entre "gripe y resfriado común"; y las historias que dos veces al año sacan los Medios de Formación de Masas acerca de las varias y mutantes cepas o generaciones de virus de la gripe hacen sonreír también, por lo menos mientras no La ha atrapado uno.

Claro que las cuentas no son tan simples: si se pudiera individuar el causante verdadero y fijo de Eso, y en consecuencia apresarlo, juzgarlo y condenarlo a muerte, no parece que, en cambio, el fijar de paso y apresar al virus causante de esa institución más reciente que bajo la sigla S.I.D.A. condena como espada justiciera del Señor a los prójimos y deudos que atentan un poquito contra Sus leyes fuera a ser tan buen negocio: porque ahí, si un virus definido se fija en la pantallita y se individúa como culpable, ¿no se perderá con ello una ocasión preciosa de que a los Indivíduos personales les hiera la flecha de su culpa personal, de que la mísera jodienda de los mortales vuelva a los miedos tenebrosos y urinarios del tiempo de los Escolapios y de que renazcan esplendorosas las fábricas de preservativos?

Hay su DEBE y su HABER con esto en el libro del Señor. Pero se ve que la necesidad más alta y siempre más urgente que Él padece es ésa de la individuación de la Culpa, y por tanto, la de que cada vez los virus se hagan más individuales, más definidos y precisos como seres y causantes.

Y el motivo que el Señor y su Ciencia ofrecen para esa millonaria campaña de persecución del Virus, a saber, que es para la cura de nuestras plagas y enfermedades, se vuelve un tanto dudoso como motivo cuando consideramos que precisamente algunas de las plagas virales más arcaicas que en las vulgarizaciones A y B se citan, la rabia la primera, Pasteur y sus secuaces acertaron a curarlas sin tener la menor idea de que hubiera cosas tales como virus personales en el mundo, sino tratándolas como si fueran flujos infecciosos. Algo más importante y trascendente que la cura de los mortales debe ser lo que promueve el proceso de individuación progresiva de los virus.

Más sospechoso aún, por cierto, resulta eso de que el desarrollo progresivo de los virus se haya producido tan exactamente según los cánones que rigen en general el Progreso Progresado, que son según la proporción aritmética siguiente: así como la noción de 'bichos' (piojos, lombrices, sarna) vino con el Progreso de nuestros abuelos a dar en la de 'microbios' (con la noción de más éxito, la de 'bacterias', incluída), que exigía ya pasar del ojo desnudo al microscopio, inventado a punto, para ver a los microbios, esto es, incluírlos en la Realidad, así también análogamente la noción arcaica de 'microbios' ha dado el paso, apoyado como por casualidad en el microscopio electrónico que se requiere para verlos, a la noción de 'virus' (bichos: microbios:: microbios X), el mismo proceso por el que, una vez inventado el ferrocarril con el Progreso, hubo que inventar el automóvil para el Progreso Progresado, y una vez que la radio, la televisión: es decir, pasar de los chismes ideados por fuerza de necesidades previas a los chismes ideados por deducción de los ideados previamente. De un microbiólogo ilustre cita la vulgarización B p. 102: "Estamos ahora, respecto a los virus, donde los bacteriólogos del siglo XIX estaban respecto a las bacterias".

Hagamos aquí un alto, no vayan a caer ustedes en la trampa que su lenguaje culto les tiene preparada para estos trances y a preguntarse si lo que estaré aquí insinuando es que "Los virus no existen"; una tontería semejante a la de aquéllas que concluyen que "El Amor no existe", sin darse cuenta de que con la sola admisión del verbo 'existir', aunque sea para decir "No", ya están domesticando su rebeldía y cayendo en el engaño. Existir, sólo existe Dios, y lo demás son malas imitaciones. Pero aquí no estamos tratando asuntos metafísicos, sino cuestiones prácticas, de política y de salud. Sigamos pués un poco examinando cómo son los virus.

AGUSTIN GARCÍA CALVO || Publicado en el libro "Que no, que no" (Lucina, 1998)

Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de marzo de 1989 en El País.

Seguir leyendo la segunda parte: "Individuos y causas". Martes, 14 de marzo de 1989 en El País o en el blog: Contra la Realidad.

20 de diciembre de 2019

Agustín García Calvo: «Las fiestas son siempre malas, celebraciones de la nada»

El filósofo y latinista cree que las Navidades, el Año Viejo, el Año Nuevo y otros jolgorios «se deben al movimiento del Capital»

02.01.2009 | 11:18

Agustín García Calvo, profesor y escritor.
Se recluyó. Como si de un monje laico se tratase. En su casona. «Para no asistir a este triste espectáculo de los bullicios y las celebraciones de la Nada». Para escribir de gramática y otras normas del lenguaje. Agustín García Calvo no tenía que despedir recuerdos, no tenía que recibir Futuros que siempre se anuncian halagüeños. El latinista, filólogo y poeta, observaba -en la mañana del primero de enero-, con esa mezcla de escepticismo e ironía, los restos de la feria de la jarana y de la cuchipanda. «Las fiestas son siempre malas, y la tristeza es inherente a ellas». Religiones y Dinero, Dios y Capital. Y los hombres tienen más fe, por lo visto, en los segundos que en lo otro.
Aquellas, ay, y estas fiestas. «Ya iban siendo parecidas». Y, revela, «no sólo hasta mi niñez, sino hasta bastante más tarde, yo seguí esforzándome en sacar lo que existía de verdadera recordación del Nacimiento del Verbo Encarnado, y cosas así, en ellas». Aplicado, García Calvo componía «versos, que repartíamos los amigos, durante unos cuantos años. Me duró hasta bastante tarde». Sucede que, «según han avanzado las cosas, y más clara se ha hecho la evidencia del Capital con el Señor, me he ido desengañando cada vez más»
Cree Agustín, tal vez es una de sus escasas seguridades -porque, para él, son como grama que debe erradicarse de raíz-, que «lo principal y dominante de Dios en este mundo es el Dinero. No tiene otra». En esa línea de reflexión, apunta que «para eso están las Navidades, el Año Viejo, el Año Nuevo». Y tales jolgorios «se deben al movimiento del Capital». Porque «los restos de las viejas religiones, lo mismo la Cristiana que otras cualesquiera, están como pretexto para esa función esencial, que es el movimiento del Dinero».
Si las fiestas son intrínsecamente malas... La tristeza ya aparecía en «los años de la primera juventud. Estaba allí. Siempre se hacía sentir. Incluso la gente lo decía: ese sentimiento de la nostalgia profunda que daban las fiestas, lo cual resulta natural». Porque es «como si la condenación a este sustituto de vida que se nos impone, cuando llegan estas fechas, se volviera más clara para quien desea sentirla». El calendario nos rige y, tal vez, nos dirige. Tiempo e historia. Dominio y condominio. «Esas fechas son un don de Dios, si lo tomas como el representante de los ideales que dominan lo existente, sin necesidad de molestarse en existir. De ahí la imposición de números, la creencia en el tiempo, que empieza siendo Futuro, y todo eso»... Eso y la creencia.
Llegó la Nochevieja y se recluyó entre cuatro paredes. Para no presenciar el «triste espectáculo» de la bulla y el festejo. «Hice lo de siempre. Como uno casi no sabe hacer más cosas que hablar y escribir, continué en esa línea».
«Hacía tiempo que no escribía lírica por esa tristeza que me ha entrado»
Trabajar. Es algo que no le cansa, como a tantos. Agustín García Calvo ha publicado cinco libros en el año 2008. «Hacía tiempo que no sacaba poesía, por esa tristeza que me ha entrado cada vez más profunda. Por todo eso de los poetas y la poesía. Así que ahora tendré que cambiar de tercio». Perfila los "Elementos gramaticales", esa empresa «a la que estoy dedicado para intentar meter en el sistema mismo de esta enseñanza, servil al Dinero, algo de un sentimiento que, según creo, es común, sobre lo que es la Lengua, y de lo que no es, y en contra de todo lo que les cuentan acerca de ella».
El lingüista sabe que «va a ser difícil», aunque «lo tengo más o menos montado». Sin embargo, declara, «no acabo de estar satisfecho de cómo meter eso». Pero lo intentará. Y, así, quiere volver a la escritura de cuentos. «Muchos». No obstante, aparece una brizna de escepticismo. «Cualquiera sabe. Lo que vaya saliendo». Y, siempre, recluido en el silencio del pensamiento y en la creación, en el estudio y en la reflexión. Que lo otro sólo es bullicio y ruido jaranero. A lo mejor: Nada.